sábado, 10 de mayo de 2008
DE LA OBJETIVIDAD Y OTRAS CARENCIAS DE MI PERSONA
¿Habéis visto a mi objetividad? Yo no. Creo que el otro día la perdí.
Suelo presumir de ser una persona que analiza las cosas desde cierta lejanía para no verse afectada por ellas cuando llega la hora de pararse y escribir. Pero es cierto que hay dos cosas en esta vida que me afectan más que otras y por las que suelo perder el control de esa serenidad en el análisis: la religión y la intolerancia hacia la homosexualidad.
Al leer esa carta de la lectora el otro día en el periódico 20 minutos mi personalidad salió de mi cuerpo y me poseyó alguien intolerante que acabó pecando de lo mismo que la gente a la que no soporto. Esa mujer tenía todo el derecho del mundo a expresar su opinión en ese medio, al igual que yo utilizo Internet para dar mi punto de vista. Aunque me parece que le faltó tacto al expresarse, a mí me faltó tacto, olfato, gusto, vista y oido. Me pasé, sí. Y lo siento. Porque me da rabia leerlo y ver lo que puedo llegar a decir en un momento de fervor.
No intento justificarme, ni mucho menos. Es simplemente que hay injusticias en esta vida que no entiendo. Porque por mucho que pienso y pienso, no veo que diferencia hay entre que ese chico se diera un beso con su marido y que otro concursante que salió antes se lo diera con su chica. Miro y miro, pero os juro que no lo veo. Ni veo la diferencia ni el sexo explícito.
No soy perfecta. Tengo mis defectos. Pero no puedo contarlos todos, porque sino se acabaría pensando que soy la peor persona sobre la faz de la tierra. Y espero que eso no sea verdad. Algún día me echaré flores, a ver si así cambio la visión que se pueda tener de mí. Aunque yo nunca he sido mucho de echarme piropos...
Suelo presumir de ser una persona que analiza las cosas desde cierta lejanía para no verse afectada por ellas cuando llega la hora de pararse y escribir. Pero es cierto que hay dos cosas en esta vida que me afectan más que otras y por las que suelo perder el control de esa serenidad en el análisis: la religión y la intolerancia hacia la homosexualidad.
Al leer esa carta de la lectora el otro día en el periódico 20 minutos mi personalidad salió de mi cuerpo y me poseyó alguien intolerante que acabó pecando de lo mismo que la gente a la que no soporto. Esa mujer tenía todo el derecho del mundo a expresar su opinión en ese medio, al igual que yo utilizo Internet para dar mi punto de vista. Aunque me parece que le faltó tacto al expresarse, a mí me faltó tacto, olfato, gusto, vista y oido. Me pasé, sí. Y lo siento. Porque me da rabia leerlo y ver lo que puedo llegar a decir en un momento de fervor.
No intento justificarme, ni mucho menos. Es simplemente que hay injusticias en esta vida que no entiendo. Porque por mucho que pienso y pienso, no veo que diferencia hay entre que ese chico se diera un beso con su marido y que otro concursante que salió antes se lo diera con su chica. Miro y miro, pero os juro que no lo veo. Ni veo la diferencia ni el sexo explícito.
No soy perfecta. Tengo mis defectos. Pero no puedo contarlos todos, porque sino se acabaría pensando que soy la peor persona sobre la faz de la tierra. Y espero que eso no sea verdad. Algún día me echaré flores, a ver si así cambio la visión que se pueda tener de mí. Aunque yo nunca he sido mucho de echarme piropos...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario